Las hamburguesas

Fuente imagen: tusnutricionistas.com.ar

Me prometieron el ascenso, tengo que conseguirlo.

Llevo ya cinco años trabajando para esta Corporación, entré con veintidós  cuando me licencié en economía y genética.  Estoy a cargo del departamento de exportación, llevemos carne para hamburguesas a cada rincón del mundo.

Una media de doce horas al día le dedico a esto; soy voluntarioso y tengo una involucración plena en mi empresa. De hecho, casi todos los días como nuestras hamburguesas, que por cierto, tienen muy buen sabor.

Trabajo en la planta doce, la penúltima del edificio, pero cuando me den mi ascenso, subiré a la cúspide, a la planta trece.

Dicen que allí, donde están todos los directivos y consultores, hay grandes despachos blancos, cada uno muy equipado con todo lo que te imagines: home cinema, videoconsolas, varios sofás, servicio de comidas; y hasta te ponen un chofer en tu coche de empresa.

Eso se dice, porque realmente, nadie que conozco ha subido a esa planta. De hecho, nadie conoce a los directivos, todas las instrucciones llegan por el canal interno; y solamente conocemos al presidente, que se conserva bastante bien, y siempre dice que es gracias a nuestras deliciosas hamburguesas.

Esas hamburguesas, cuantas satisfacciones me han dado. No me puedo quejar. Su receta es secreta, solo los de la planta trece, conocen todos los ingredientes.

Pero quiero mi ascenso, esos mamones de la planta trece viven como dioses y yo aquí sin parar de currar, teniendo que soportar a mi equipo, inútiles y holgazanes sin aspiraciones.

Me prometieron el ascenso y lo conseguiré, jodidos mamones.

Por fin ha llegado la ansiada circular, tengo el ascenso, lo he conseguido, soy el mejor. Soy consejero de producto para Europa y Asia. Al fin, me instalaré en la famosa planta trece.

Es hora de presentarme ante el director, se quedará impresionado conmigo.

Juan subió a la planta trece, no era como se la imaginaba, solo estaba el despacho del director. Tomó una copa con él para celebrar el ascenso, y se desmayó.

Al despertar estaba desnudo, sin un solo pelo, en un matadero. Ya conocía el principal ingrediente de sus suculentas hamburguesas, sin duda, seguiría siendo secreto.

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