Cuatro historias.

Había una mujer  que vivía en un país africano. Tenía un hijo,y una olla. La olla era su modo de vida, cada día cocinaba, apartaba un poco decomida para ella y su hijo, vendía lo cocinado, y con los beneficios compraba comida para poder seguir cocinando. Pero  le robaron la olla.

Había un hombre, en India, que mendigaba en la puerta de un templo. Era ciego y capaz de recitar algunos versos, que conocía de memoria. De joven le sacaron los ojos para que fuese un mendigo más rentable,  le castraron, para que mantuviera una voz aterciopelada.

Había un niño, en el Salvador, que todos los días bajaba a la mina, a trabajar quince horas. Con el poco dinero conseguía mantenía a su madre y a su hermano.  Murió a los quince años, de silicosis. Su madre y su hermano le siguieron a la tumba, poco después.

Había un hombre en Madrid, era publicista. Tenía un buen trabajo, salud, una buena familia. Lo despidieron de su trabajo, se arruinó. Su mujer lo dejó y se llevo a sus hijos. Perdió su casa y sus amistades. Ahora está todas las mañanas, en la calle Doctor Cortezo, en la cola de alimentos. Solo y pobre.

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