El ámbito de las opiniones II.

 

 

Decía Hemingway que las opiniones son como los culos, cada cual tiene el suyo.

 

Recuerdo el segundo cuento de El conde Lucanor, donde se expresa, a modo de analogía, el escaso valor de las opiniones, mediante el  famoso trayecto del padre con el hijo y la mula.

 

Platón en su teoría del conocimiento, las pone solo un paso por encima de la imaginación. De ahí que hoy en día, veamos unas opiniones tan creativas, imaginativas y tan desligadas de realidad.

 

¿Qué es una opinión? Un dictamen o juicio que se forma sobre algo cuestionable (RAE), es decir, un punto de vista, una percepción sobre algo.

 

Hasta aquí todo bien.

 

¿Qué ocurre con nuestras opiniones? Que no las tratamos como tales, una vez creadas en nuestra mente, las tenemos por verdades absolutas e incuestionables.

 

Ni nos preguntamos cómo se formaron ni de dónde vinieron, simplemente las aceptamos como propias, sin necesidad de revisión previa o posterior.

 

¿Cómo se forman esas opiniones? Básicamente por la suma de una comparación y la experiencia previa. A veces ni eso, si tienen una base emocional, será la emoción la que guía el juicio.  A veces ni eso, las calcamos de otros, o las tomamos de nuestra persona de referencia (como tal deportista es muy bueno, sus opiniones también lo son, ¡Olé!)

 

Y comparar básicamente es: esto es más alto que aquello , hablamos sobre la cantidad, pero desconocemos la cualidad.

 

Ahora vienen los problemas.

 

Es muy fácil que se den opiniones contradictorias, ambas con la misma validez y el mismo número de argumentos que la sostienen, ya lo demostraron los sofistas.  

 

Al confrontar nuestras opiniones con las de otros, nos damos cuenta de que somos una maleta llena de prejucios, visiones del mundo predefinidas y mentes cerradas.   Es la imagen de dos personas discutiendo, una frente a otra, una dice que ve el número 9 y otra afirma que ve el número 6,pero ambas ven el mismo número desde una diferente posición.

 

¿Por qué? Porque creemos que nuestras opiniones tienen el rango de verdad absoluta.

 

Y por otra parte, todas las opiniones son válidas, todas las opiniones son falaces, ya que son eso, simple y pura opinión.

 

Pero vivimos en el mundo de la opinión, nadie parece tener la verdad,  pero todos tenemos miles de opiniones, sobre cosas conocidas y sobre cosas desconocidas.  Y las trasmitimos sin parar, con una verborrea en cascada.

 

Pero, queridos lectores,  me diréis: mis opiniones se fundamentan en hechos, en la verdad de las cosas mismas. Yo afirmo, examínalas con cuchillo, desmenuzando cada una de sus partes, y somételas a la cocción por la inteligencia; después dime si son hechos irrefutables o tu interpretación de los mismos.

 

Si algo nos mostraron los nazis, fue que es muy fácil crear corrientes de opinión,manipularla usándola  a nuestro antojo.Decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

 

Cuando escuchamos opiniones similares a la nuestra nos reconforta y nos reafirma, ensalzamos a la persona que las formula (¡este tío sí que es inteligente!);  si son de signo contrario las rechazamos tajantemente . 

 

No gastamos ni un minuto en reflexionar.

 

Escuchamos poco, hablamos demasiado.

 

Y así nos va…

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