La expectación y el modelo.

Poner expectativas en lo limitado y transitorio, es abrir un camino rápido a la decepción.

Ya que jamás estará a la altura, pues por su propia naturaleza no pueden estarlo. Si crees que es lo que es temporal y exterior te dará la felicidad que anhelas, vas mal, amigo. Si crees que la última novedad tecnológica, literaria, televisiva o de cualquier clase,  te sacará de tu miseria interior, yerras. Si crees que tu pareja o tus amigos te harán feliz, posiblemente los hagas unos desgraciados.

Estás buscando de un pozo seco, “bebe de tu propia fuente” como diría del filósofo cordobés.

En el mundo de los hombres así se hace.

Pero en la “ilusión de la vida cotidiana” no.

Se olvidan de las enseñanzas más básicas y más profundas cuando eres pequeño: te educan, pero más bien te aborregan. Te uniformizan, te preparan para ser una máquina de producir: alguien que va a mirar solo por sus intereses. No te muestran la división entre interior y exterior, que por otra parte no existe a nivel último; no te dicen que las cosas son como son, y que tu única libertad es el encararlas con una sonrisa; no te inculcan que hay actos buenos y malos per se, teñidos por la intención; nada de hablar de la transitoriedad de las cosas, ni de la muerte, ni del camino a la felicidad, ni de la integración del placer en la personalidad.

Así crecemos en un mundo que no comprendemos, sin raíz ni meta, somos barridos por los vientos que soplan.

Te enseñan pseudocódigos de conducta: esto está mal hacerlo en público; sé el mejor; pega primero; estudia, no por el placer de saber, sino para tener un buen trabajo, así comprarte muchas cosas y tener dinero; te dan una vaga moral laica y demócrata; una rígida moral pública, pero un gran relajo privado; te hablan sobre que todo es relativo; sobre que no somos más que este cuerpo de carne y hueso; te llenan la cabeza con ideas de progreso; con ideas de igualdad que jamás se ven cumplidas; crees vivir en un estado del bienestar, pero eres como el cerdo que engordan en su pocilga para la matanza.

Exhiben, sin tregua, en sus pantallas a sus prohombres y los modelos: el político corrupto, el actor adinerado, el comerciante sin escrúpulos, el personaje que vende su vida y la de los demás, el científico enloquecido, el que hizo dinero sin trabajar, el que nunca se esforzó, el estúpido  querido por todos, la simpática cantante drogadicta.

Veo a esos prohombres de hoy en día, ultramodernos: parecen personas, hablan como personas, se mueven como personas; pero no, no lo son. Hace mucho que dejaron su humanidad de lado para convertirse en otra cosa: lo que ahora mismo son.

Poner expectativas en lo limitado y transitorio, es abrir un camino rápido a la decepción.

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