Paraíso perdido.

No vemos más allá de las anteojeras del escenario que se nos ha creado: el trabajo, las preocupaciones propias de nuestra sociedad enfermiza, la pseudopolítica, las últimas novedades.

Una necesidad constante de controlar, de medir, de racionalizar hasta lo más nimio de cada día.

Es una cárcel de cemento, acero y cristal. 

Pero, aún hay esperanza, fuera de las fronteras de este mundo postmoderno, fuera de las fronteras del temor y el terror;  hay otros mundos, otras personas, otras visiones…

Aún quedan hombres y mujeres auténticos, transparentes, con grandes almas capaces de generosidad, entrega y sacrificio. Capaces de pensar antes en el otro que en sí mismos.

Todo no está perdido. Aún hay tiempo.

Aún sociedades que tienen unas herramientas para que sus hijos crezcan nobles y sanos de cuerpo y espíritu. En las que se enseña que el valor de las cosas es algo transitorio; que para ser feliz no hay ni que acumular ávidamente ni  ser el más brillante ni que el más destaca.  

Todo se puede recuperar. Aún hay tiempo.

Había un tiempo, en que nuestros antepasados, eran como ellos. No se parecían en un ápice a nosotros. Lo sabemos, lo hemos visto, lo hemos leído.  Podemos aprender a ser como fuimos, a ser como deberíamos ser; lo sabemos en el fondo de nuestros corazones. El deseo de imitación y las lágrimas que fluyen en nuestros ojos cuando vemos a grandes personas y sus excepcionales formas de actuar son buena prueba de ello. Todavía somos capaces de admirar el heroísmo, la entrega desinteresada, la búsqueda de la verdad; sino no seríamos humanos, seríamos otra cosa.

Fuente: foto propia.

Fuente: foto propia.

Todo se puede aprender. Aún hay tiempo.

A pesar de que el confort nos ha hecho blandengues, las luces del lujo y la opulencia nos han cegado, la avidez de placeres rápidos nos ha enganchando, la vanidad de querer ser mejores y más admirados que los demás se ha instalado en nuestra forma de vivir, y el egoísmo de desearlo todo solo para nosotros es la única meta que tenemos.

 A pesar de esto, podemos aprender de esos grandes hombres, transformar la blandura en fuerza por la disciplina, la ceguera en sabiduría, la vanidad en humildad, el egoísmo en generosidad.

Somos capaces de vivir de un modo plenamente humano, llenos de felicidad y de dicha, satisfechos, sonrientes.  En armonía con el entorno y en paz con nuestros hermanos.

Todo no está perdido. Aún hay esperanza.

Cada uno ha de realizar su viaje.

Tras haber caminado, cambiado y aprendido, se llegará a las puertas del Paraíso perdido.

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3 pensamientos en “Paraíso perdido.

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