Rambo III, o no ves la viga en tu propio ojo.

Anoche vi  Rambo III.

Desde mi más tierna juventud no veía dicha película.

Me sorprendió ver la maquinaria de propaganda en todo su esplendor: el cine; que junto con la prensa, sea tv o escrita,  son las armas de destrucción masiva de la inteligencia general del público que las ve, y creadores de corriente de opinión.  Esto daría para tratarlo con más detenimiento en otro lugar.

Durante toda la película se muestra lo buenos que son los muyahidines que apoyan a los americanos, y que malvados los soviéticos que invaden, torturan y matan al noble pueblo afgano.

La cinta es del año 88, curioso, que pasados unos pocos años, todo lo malo que cuenta sobre los crueles soviéticos, sea aplicable también a los americanos, en el mismo lugar y contra la misma gente. Torturas en las cárceles, exterminio de civiles, invasión de un pueblo por motivos económicos.

También no deja de sorprender ciertos diálogos: uno de los muyahidines explica a John Rambo los motivos de su lucha, su confianza en vencer al enemigo, la búsqueda de la libertad de su pueblo y su confianza en Dios; tras el diálogo uno acaba conmovido.  Años más tarde, esto mismo, se verá como el fanatismo de un pueblo inculto: los que antes eran soldados que luchaban por un ideal (el de salvar a su pueblo del sometimiento), ahora son crueles talibanes.

Y cuando los simpáticos afganos luchaban contra los rusos, recibían un gran apoyo material y logístico de Estados Unidos; así como entrenamiento por parte de la CIA, Bin Laden incluido.

Yo me pregunto cuantas veces se habrá pasado esta película en las cadenas de EE.UU. tras el 11-s.

Decía un profesor, que el cine muestra claramente todas las preocupaciones, neurosis y bondades de una sociedad concreta en un momento determinado. En Rambo III las podemos apreciar bien: la paranoia y la necesidad de un enemigo malvado ( en este caso el pueblo ruso, al paso de los años los árabes); las cualidades de un buen americano, que vale por cientos de los otros; los tejemanejes de la CIA; todos los aparatos de muerte de última generación; la preocupación por las guerras perdidas.

Podríamos analizar también las cualidades del héroe americano, John Rambo: pura compasión para sus aliados y amigos; justicia cruel para los malvados; sacrificio de sí mismo en pos de realizar ambas cosas.

Lo mejor de todo se produce cuanto todo termina: antes de comenzar los títulos de créditos hay una cita: “Esta película está dedicada al noble pueblo afgano”.

Sobran las palabras.

Pero una última reflexión: toda la maquinaria mediática se centró hace poco, en inculcar el miedo al terrorismo, ahora lo hacen con la crisis económica, ¿qué vendrá mañana?

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