Satrapía.

Qué desgracia;
aunque estás hecho para trabajos bellos e importantes,
ni estímulo ni éxito te depara el destino;
ordinarias costumbres deberían arraigarte,
ya la insignificancia, ya la desidia…
Y qué terrible el día que cedas
(el día en que claudiques y cedas),
y te vayas a pie a Susa,
y te dirijas a Artajerjes, el monarca,
y éste, de favor, te depare un lugar en la corte,
y aceptes con tristeza lo que nunca has deseado.
Tu alma anhela otras cosas, llora por algo más:
el elogio del pueblo y los sofistas,
el inestimable “bien hecho” ganado con esfuerzo,
el ágora, el teatro y los laureles…
¿Cómo podría Artajerjes darte estas cosas?
¿Encontrarás lo que amas en una satrapía?
Y… sin eso que amas, ¿qué vida llevarías…?

Cavafis (1911)

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