Sobre visas y vacunas

Desde la soledad de mi soleada habitación en Torremolinos leo  historias que sucedieron en el pasado, el lugares remotos del Oriente con extraños nombres, Varanasi,  Bhodgaya, el Pico de los buitres,  Hastinapura, Vrindavan.

Me inspiro en historias de hombres que se superaron a sí mismos, que sometieron sus pasiones, y vencieron a la realidad: swamis, gurus, sadhus, yoguis, tantrikas, lamas, peregrinos.

Imagino paisajes llenos de sensualidad, belleza y esplendor, de vegetaciones frondosas, áridos desiertos y suntuosos palacios.

El Mahabharata, las Upanishad, los Sutras, el Vedanta forman parte de mi vida diaria en un mundo totalmente ajeno a ellas.

Ahora, años después,  me dispongo a viajar a esos lugares.

No me gustaría ser como el emperador del que nos habla Confucio que, fascinado por los dragones, los estampaba en sus bordados, hacia utensilios con su forma, leía sobre ellos; pero el día que encontró a uno, echó a correr.

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