El que busca, encuentra.

 

Iglesia de La Vera Cruz. Segovia.  Fuente: foto propia.

Iglesia de La Vera Cruz. Segovia.
Fuente: foto propia.

Nunca lo has visto.

Pero sabes que está ahí. A veces, hasta puedes sentirlo, cerca, muy cerca; con cada latido del corazón, se revela una y otra vez. La piel se te eriza, lo notas.

Un susurro en el viento es su voz, pasajero, libre;  como el cántico  de los árboles o la suave oscilación de la cola de un perro. Has de prestar toda la atención para oírlo.

Ves como se entrelaza en la maraña de acontecimientos diarios, como asoma por repetición; una repetición que no tiene nada de casual, es demasiado evidente y sospechosa, como viniendo a decir: !Eh, estoy aquí¡  Has de tener los ojos bien abiertos.

En cada sabor placentero que te inunda la boca, en ese olor que te recuerda tu infancia cuando tu madre hacía pan en el horno.

Sabes que está ahí, aquí, allí. Dentro y fuera. En lo interior y exterior.  En ti, en mí, en nosotros, en ellos.

Pero te vuelvo a repetir, has de prestar mucha atención, esperando como el novio a su amada al amanecer tras una larga vigilia, como el científico que mira por su microscopio.  Y has de tener el corazón abierto, deja de estar encerrado en los cercos estrechos de tu minimundo.

Si no, serás como el ciego que fue al cine, o, el sordo que escuchaba la radio.

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