Anhedonia

Parque del Capricho. Madrid. Fuente: Álvar Camero.

Parque del Capricho. Madrid.
Fuente: Álvar Camero.

La vida es sufrimiento. No se consiente el menor placer, ni un leve disfrute, ni para ella ni para los demás.

Es seca, desgarradora, trágica, escasa.

Educa a sus hijos con esa guía en su mente. Una formación dura, castellana.

Su hijo se enrola en la marina, su hija se marcha a los dieciocho años con una cubana. No los vuelve a ver.

 

La vida es un valle de lágrimas, ese es su mantra, se lo repite en un bucle eterno.

El negro es el único color permitido.

Es víctima de sí misma, de su propia visión.

 

En el jardín, una mañana, podría ser cualquier mañana;  ve algo; sus rígidos y estrechos muros mentales se derriban, tiene una comprensión súbita, espontánea, una revelación  de la belleza del mundo, de la hermosura de cada pequeño detalle, de  la necesidad de cada matiz; siente una  cariñosa empatía, un amor que se desborda y que la supera; tiembla, cae de rodillas al suelo.

Dos grandes lágrimas aparecen bajo sus ojos.

 

Cierra su corazón, cierra su mente: no sea un engaño.

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