Charitas

Mosaico del Mausoleo de Gala Placidia, Rávena, Siglo V.
Fuente: http://www.evangelizarconelarte.com/

Desde pequeño notó Su presencia, para él no era una teoría ni un dogma, sabía que estaba aquí, allí; lo sentía como el sol sobre la piel. No eran necesarios debates, ni complejas explicaciones; lo que para otros era un supuesto, para él era sencillamente  Real.

Le inflamaba el corazón, se lo colmaba de gozo, de un gran bienestar.

Los demás pensaban de él que era  un niño raro, extraño, demasiado absorto y contemplativo, demasiado feliz y desprendido; aunque les tratase de una forma en que ningún otro les trataba, con alegría, con ecuanimidad, sin interés ni dobleces, como a iguales y hermanos.

Las cosas de este mundo le interesaron poco, sabía que eran espejismos en un desierto, ilusiones vanas, fantasmas corriendo en pos de otros fantasmas. ¿Porqué conformarte con una mala  copia cuando puedes aspirar al Original?

Pocos le comprendieron, muchas fueron las envidias y los rencores, ya que la felicidad ofende. Aún así, intentaba hacerles partícipes de su júbilo, les consolaba en los tiempos difíciles, les entendía y perdonaba. Los amaba como él era amado.

Al fallecer, algunos decían que era un santo, un loco,  un tonto.

En su tumba siguen creciendo las flores;  un perfume de primavera florecida, la rodea.

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