Así como es arriba

Rosetón. Catedral de León. Foto: propia.

Catedral de León. Detalle.
Foto: propia.

-Así como es arriba es abajo. Así como es el interior, es el exterior; así como es el exterior es el interior. Lo Eterno se manifiesta en lo mutable-  Dijo el anciano serenamente.

-Maestro, me hablas en acertijos. No entiendo nada- El joven, miraba al anciano con cara de extrañeza.

-Mira tu antebrazo. Tienes un bosque y un desierto. Deja que esta gota de agua caiga por la parte donde tienes bello, ¿Ves como se queda atrapada? Ahora deja que fluya por la parte donde no lo tienes, ¿Ves como cae como si fuera un terreno desierto? Así como es el interior es el exterior.

-Poco me lo aclara, sabio eremita- respondió el joven con el brazo mojado.

-Como son los movimientos de las orbitas celestes, las estrellas y los planetas; tú tienes su correspondencia en tu cuerpo. Las venas son los ríos, la tierra tus huesos, el viento tus pulmones, el calor el motor, las estrellas tu espíritu. Así como es arriba es abajo.

-Más liado estoy aún-el joven miraba perplejo, perdido, a los claros ojos del anciano.

-El mundo, los fenómenos, las personas;  son símbolos, partes,  de la realidad oculta, que tras el velo de las apariencias, es fuente y principio, eterna y final, madre de todas las posibilidades,   más allá del tiempo y el espacio está presente en todo tiempo y lugar. Lo Eterno se manifiesta en mutable.

-Ahora sí que no me entero de nada. Mejor será que me dedique a tareas sencillas, a labrar la tierra, antes que a esas filosofías sublimes e incompresibles-con un resoplido se dio por vencido.

-Incluso en esas tareas sencillas, en labrar la tierra, en ver como germinan las semillas, crece el trigo y la espiga; está todo el universo contenido-el anciano no perdía la paciencia, ni tenía prisa, ni se dejaba derrotar tan fácilmente.

-Lo que digas maestro- Ya le dejaba por imposible.

-Haz lo que debas, joven discípulo, pero recuerda que Jonás, huyendo de su destino, acabó en la panza de una ballena.

El joven clavó la vista en el anciano, que sonreía, después bajo la vista, pensó: igual tiene razón.

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