Silla y un nuevo baile.

Amanecer entre montañas

Amanecer entre montañas.
Fuente: http://www.mundo-geo.es

Ahora veía el mundo desde abajo.

Donde se quedaron sus piernas, se quedó también la pesada carga de sus soberbias, las preocupaciones absurdas y los falsos temores.  Ya no tenía nada que perder, nada que defender. Por fin era libre.

La silla era su trono, las ruedas sus alas: le  había dado algo que antes nadie le dio.  Un corazón cálido, lleno de empatía; una mente despejada, sin enredos extraños; y sobre todo, la conciencia de su propia temporalidad y valía (así como la de los demás).

Las facciones de su rostro se volvieron más suaves;  en sus ojos, brillantes como nunca, recordaban a los de un niño, tiernos y amables.

Al principio fue duro, muy duro. Pero se acostumbró, cada día se ponía un reto, un nuevo límite, que superaba a base de esfuerzo y tesón. No existía el no puedo, no existía el imposible. Ni obstáculos ni trabas.  Era un ejemplo para su familia y amigos.

Después de ese accidente, de dejar las dos piernas entre un coche y un árbol;  había conseguido rehacer su vida, distinta, mejor, plena. Había sido necesario un gran shock para que todo tuviese sentido, y él un destino.

Viajó en su silla, conoció grandes y pequeñas cosas.

Hoy viene a dar una conferencia los alumnos de primero: Lo importante no es lo que te ocurre, sino cómo lo percibes, cómo lo usas. Creo que le gusta Epicteto y la filosofía estoica.

( A petición de Munia)

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