La Gran Langosta

De Dios recibió una inteligencia aguda, una fina razón, la capacidad de pensar con rapidez, de poner en palabras elegantemente lo que pasaba por su cabeza.

Cuando tuvo conciencia de esos dones, los explotó, los aprovechó  en su propio beneficio;  para exaltarse, para sentirse superior, muy por encima de esa masa mediocre y gris que son los otros.

Los demás se sorprendían de su ingenio, de su acidez, alababan su verbo. Los demás, el espejo donde nos miramos, le reafirmaban en sus convicciones.  Y él se hinchaba como un pez globo.

Gastaba grandes cantidades de energía solo para impresionar, tenía que demostrar que era el más listo allá donde fuese.  En las reuniones, procuraba sobresalir sobre el resto, si para ello era necesario humillar, vencer dialécticamente, menospreciar, mentir o vilipendiar, no había problema; lo único importante era el resultado de su propia autosatisfacción.  Le encantaba escucharse.

Poco a poco, la gente se fue apartando de él, no le soportaban. No tenía ningún amigo. Estaba solo. Ese era el resultado de tanta, y demasiada, autoafirmación. La empatía le era desconocida, no podía ponerse en el lugar de su interlocutor.  No era capaz de sentir nada por nadie, salvo por sí mismo.

Podría decirse que estaba enamorado de un amor que nacía en él y en él moría.

Fue el primero de su promoción, lo cual, no le ayudó mucho. También consiguió un buen trabajo de comentarista en la radio, cosa que tampoco le benefició; pues ambas le mantenían en sus posiciones.

Ocurrió un día corriente, en el que tras pasarse horas criticando en la radio, se empachó al cenar langosta. Tuvo un sueño: una langosta gigante, del tamaño de tres hombres le perseguía por unos estrechos pasillos sin parar de preguntarle una y otra vez, sin parar de perseguirle: ¿Qué estás haciendo con los dones que te han sido dados, estúpido?

Al despertar le dolía el cuerpo, como si hubiese pasado horas corriendo; el corazón bombeaba lento, lento.

Creo que ese fue el día en que cambió, o al menos me lo contó así.

La verdad, tengo mucho que agradecer a la Gran Langosta.

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2 pensamientos en “La Gran Langosta

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