Era

Cuando estaba el carrito, siendo bebé, observé muchas cosas.  Me llamaba la atención que los mayores se acercaban a mí constantemente, me hacían carantoñas. Si había diez en una sala, yo era el centro de atención; si había cinco, cinco: daba igual, todos me miraban sin parar. Recuerdo que la primera palabra que verbalicé fue: imbéciles.

Después crecí, era adorable. Supe tiranizar bien a mis padres. Unas buenos cambios de ánimo y un poco de violencia:  bronca, amabilidad, chantaje, obediencia, pataleo, falsa humildad,; eran capaces de conseguir todo lo que deseaba. Mis progenitores, unos mierdas, se doblegaban ante mí como el junco ante el viento.  Solo eran medios para conseguir mis satisfacciones de adolescente.

Con mis profesores y compañero, era igual, trataba de torturarles al máximo. Si eran débiles me cebaba en ellos. Por aquellos tiempos, era el  amo, el más molón del barrio; no me faltaban admiradores y admiradoras.

En mi primer trabajo traté de aplicar los mismos medios que había aprendido, no funcionaron, me echaron; y así con el segundo, con el tercero. Tras esos fracasos me dediqué a negocios más fáciles, más lucrativos, con más rentabilidad;   mejores en definitiva.

Fue una época de bonanza, sí; muchas de las cosas que hacía eran desagradables, no me gustaban; pero tuve placeres que vosotros solo podéis imaginar. Aunque poco duró.

Ahora escribo estas líneas desde la cárcel. Por cierto, si veis a mis padres decidles que  lo siento, que les quiero, que el mierda y el imbécil soy yo.

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