Gargamel y las ínfulas de los lógicos

Tabla lógica.
Fuente: matematicasparacomputadora.weebly.com

Recuerdo estar en clase de lógica matemática, junto a mi compañero Juan.

Juan era muy buen chaval, fue un apoyo para mí durante los estudios, compartíamos clases, deportes y cañas. Quizás aprobé la carrera gracias a él. Además había clara diferencia entre ambos, él era mucho más inteligente;  el mejor de nuestro reducido grupo de intrépidos estudiantes de filosofía.

A veces, secretamente, le envidiaba; luchaba contra ese sentimiento todo lo que podía, me hacía sentir culpable envidiar a alguien que me ayudaba tanto, y que obviamente, era buena persona. No tenía palabras duras, tampoco criticaba a nadie, ni se mofaba de la gente; tenía la suficiente agudeza para hacernos reír sin destrozar a los demás.

Bueno a lo que iba. Estábamos en clase de lógica matemática. Nuestro profesor, uno de los especialistas más reconocidos en su ámbito, era conocido por todos sus alumnos como Gargamel, el malo de los pitufos;  gracias a una de sus frases favoritas: hasta mi gato sería capaz de aprender lógica.

Era una asignatura ardua, dura y totalmente incomprensible. Gargamel, el primer día de clase, nos leyó una larga lista de alumnos que aún la  tenían suspensa, aquello era más extenso que la obra de Proust. Siendo una materia de primero, muchos eran incapaces de aprobarla hasta cuarto o quinto, como fue mi caso.

Gargamel estaba encantado de conocerse a sí mismo, era altivo, distante; en una palabra: soberbio. Nos trataba con desprecio y altanería, como a inútiles, como a pequeños pitufos. Estaba harto de de él, al verle me ardían las entrañas.  Le odiaba profundamente, en parte, por verme reflejado en él.

Así que le dije a Juan, mientras hacía ademán de levantarme para salir de la clase:

-No lo soporto, este tío es un engreído, un pedante y un presuntuoso- la rabia contenida me salía por la boca.

– No sabemos si está luchando contra sus pecados, si se esfuerza cada día por superar su orgullo –me susurró cálidamente al oído.

Este episodio debió pasar hace como veinte años, pero aún lo tengo fresco en la memoria, tal como si hubiese pasado ayer.

Ahora, al ver gentes y comportamientos que claramente me disgustan, antes de juzgar, pienso en ello.

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