El ejemplo del caballo y el asno

Mucha soberbia creas donde sin miedo estás,
piensas tranquilamente dónde conseguirás
joyas para tu amiga, con qué las comprarás;
así robas y hurtas, mas luego pagarás.

Haces con tu soberbia intentar malas cosas,
robar a viandantes las alhajas preciosas,
seducir a mujeres casadas, las esposas,
vírgenes y solteras, viudas, religiosas.

A quienes así obran la ley manda matar;
mueren de malas muertes, no les puedes librar,
el diablo los lleva por dejarse embaucar;
el fuego infernal arde donde vas tú a morar.

A muchos, por soberbia, los hiciste perder;
los ángeles primero, con ellos Lucifer,
por su mucha soberbia, por desagradecer,
de las sillas del Cielo hubieron de caer.

Aunque por su natura buenos fueron creados,
por su grande soberbia fueron y son dañados;
cuantos por la soberbia fueron y son dañados
no puede reseñarse ni en mil pliegos contados.

Cuantas hubo y habrá batallas y peleas,
injurias y reyertas y contiendas muy feas,
Amor, por tu soberbia se hacen, bien lo creas;
toda maldad del mundo está donde tú seas.

El hombre muy soberbio, altanero y osado,
el que a Dios no respeta, ni es hombre ponderado,
antes muere que otro débil o desgraciado,
como le ocurrió al asno con el caballo armado.

Iba a reñir en duelo un caballo vehemente
porque burló a una dama el su señor valiente;
lorigas ajustadas, arrogante se siente, delante
de él camina un asno muy doliente.

Con los pies, con las manos y con el noble
freno gran alboroto causa, tan de soberbia lleno
que a otros animales espanta como trueno;
el asno, con el miedo, paró; no le fue bueno.

Iba el asno arrastrando la carga y su cansera,
al caballo estorbaba con su lenta flojera;
derribóle el caballo en la mismo ladera,
diciendo: — ¡Don villano, buscad la carretera!

Corcoveó en el campo, ligero, apercibido;
pensó ser vencedor mas resultó vencido,
fuertemente en el cuerpo de lanzada fue herido,
las entrañas le salen, estaba muy perdido.

Desde entonces no vale ni una pera pequeña;
a arar lo destinaron y a transportar la leña,
a veces a la noria, a veces a la aceña;
el soberbio pagó el amor de la dueña.

Tenía desolladas del yugo las cervices;
de arrodillarse a veces, hinchadas las narices,
rodillas desolladas por preces infelices,
ojos hundidos, rojos como pies de perdices.

Los cuadriles salidos, sumidas las ijadas,
el espinazo agudo, las orejas colgadas;
le encontró el asno necio, rebuznó tres vegadas:
— Compañero soberbio, ¿qué hay de tus empelladas?

¿Dónde está el noble freno y tu dorada silla?
¿dónde está tu soberbia?, ¿dónde está tu rencilla?
Vivirás achacoso y con mucha mancilla;
vengue la tu soberbia tanta mala postilla.

Aquí tomen ejemplo y lección cada día
los que son muy soberbios con gran altanería;
que fuerza, edad y honra, salud y valentía
no pueden durar siempre, vanse con mocería.

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