Ni en mil vidas

Asia, Bhutan, Paro, Gantey Palace, the divine madman Drukpa Kunley (also named Drukpa Kunley or Kunga Legpa).

Cuentan que había una vez un santo budista.

Era una persona que transcendiendo  la ilusoriedad de este mundo,  no tenía ninguna clase de apego por las cosas mundanas, ni por las formas sociales de los hombres.

Vivía en lo que algunas tradiciones conocen como la santa locura o divina locura, es decir, más allá de nuestras categorías y percepción.

Cuentan que vivía en una cueva, donde meditaba y rezaba; vestía harapos, pues no sentía ni frío ni calor; y se alimentaba de sopa de ortigas, era lo que la tierra generosamente le ofrecía, ortigas en cantidad.

Un día pasando cerca de un pueblo, tres  jóvenes le vieron, ellas eran muy hermosas, vestían con sus mejores trajes, y lucían caras joyas. Al pasar a su lado empezaron a mofarse de él por su aspecto de vagabundo y pobre.

Una de ellas dijo:

-¡Oh Buddha!, espero jamás en la vida parecerme a este hombre- con un desagradable desprecio en su tono de voz.  Con sus risitas, las otras dos lo aprobaban.

El las miró.

Las contempló con su visión especial que no se deja engañar por las apariencias ni los velos de maya:

-¡Oh Buddha¡, aunque estas tres vivieran mil vidas humanas, jamás llegarían a parecerse a mí ni un ápice- afirmó lamentándose.

Esta historia nos demuestra que jamás debemos fiarnos de las apariencias, pues puede haber santidad bajo la apariencia más miserable, o un demonio tras una cara angelical y un rico vestido.

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