Concha y burbuja

Quiso hacer las cosas a su modo, no dejó que le ayudásemos. Su individualismo le bloqueaba para aprender de la experiencia ajena, huía de los consejos bien intencionados, de toda recomendación.

Coleccionó una gran cantidad de errores, que daban lugar a otros errores más grandes. Sufrimientos y más sufrimientos. Una decepción, otra decepción. Desilusión tras desilusión.

Era un mal camino, nos preocupaba en extremo, hacíamos todo lo posible por él, pero nos rechazaba, y volvía a su concha, a su burbuja.

Su alma se fue agotando, de dolor la carcomía, un negro vacío desde las entrañas, un viento colérico desde el corazón.

Un día, como otro cualquiera, se suicidó.

Entendí entonces lo que significa infierno.

El infierno por el que él eligió pasar, el infierno de no permitir que los demás recorran el camino contigo, el infierno de no coger una mano cuando estás al borde del abismo.

El infierno del individualismo, concha y burbuja.

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