De los deseos desordenados

Fuente imagen: es.wikipedia.org

Cuantas veces el hombre desordenado, desea alguna cosa y pierde el sosiego.

El soberbio y el avariento nunca están quietos; el pobre y el humilde de espíritu viven en mucha paz.

El hombre que no se controla perfectamente, presto es tentado y vencido de las cosas pequeñas y viles.

El flaco de espíritu y que aún está inclinado a lo material y sensible, con dificultad se puede abstraer de los deseos terrenos.

Y cuando se abstiene recibe muchas veces tristeza, y se enoja presto si le contradicen.

Pero si alcanza lo que desea, siente luego pesadumbre por el remordimiento de la conciencia; porque siguió a su apetito, el cual nada le aprovecha, para la paz que busca.

En resistir, pues, a las pasiones se halla la verdadera paz del corazón, y no en seguirlas.

No hay, pues, paz en el corazón del hombre carnal, ni del que se entrega a lo exterior, sino en el que es fervoroso y espiritual.

(Tomás de Kempis, Libro I Capítulo 6)

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