Un enemigo invisible, una batalla invisible

Cierto es: una batalla invisible contra un enemigo invisible, pues esta batalla se libra en el alma de cada uno.

Catoliscopio.com

La alegría de un mártir sobre pasa los límites del dolor, pues su alegría sobre pasa los límites del espacio y del tiempo, se centra en la vida eterna: sus cuerpos encendidos como antorchas humanas, devorados por leones, la espada atravesando sus cuerpos, entre otros tormentos constituían un espectáculo en el Coliseo Romano. La batalla era palpable, después de los sufrimientos pasajeros se encontraba la alegría eterna. Jean Guitto expresaba su admiración ante tal entrega de la vida por el Evangelio, pues afirma que, Cristo necesariamente resucito, pues era la fuerza y certeza de tal acontecimiento lo que llevaba a los cristianos a dar testimonio con la propia vida. No nos resultaría extraña la afirmación de Tomas Moro al morir en la guillotina a manos de Enrique VIII, tras defender su fe ante este: “hemos ganado la batalla”.

En la actualidad, las encarnizadas persecuciones han terminado para darle paso a…

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