El sueño del sabio

El sabio reposa tranquilo,

de noche y  de día,

como buen peregrino,

en su propia sabiduría.

Manso y sosegado,

observa, ve, mira;

lo que fue, es y será,

sin angustia ni porfía.

Ya los necios le contrarían,

Ya las damas le den alegrías,

no se inmuta: ¿Para qué vive su vida?

Caen los reyes con sus reinos,

los ricos con sus oros,

las modas con sus modos.

El sabio se dijere:

una cosa de cuidar he,

del alma mía.

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