Sobre el neoespiritualismo o la nueva era

En primer lugar, conviene destacar que en eso no se trata de un conjunto homogéneo, sino de algo que toma una multitud de formas diversas, aunque todo eso presenta siempre bastantes caracteres comunes como para poder ser reunido legítimamente bajo una misma denominación; ¡pero lo que es más curioso, es que todos los agrupamientos, escuelas y «movimientos» de este género están constantemente en concurrencia e incluso en lucha abierta los unos con los otros, hasta tal punto que sería difícil encontrar en otra parte, a menos que no sea entre los «partidos» políticos, odios más violentos que los que existen entre sus adherentes respectivos, mientras que, por otra parte, por una singular ironía, todas esas gentes tienen la manía de predicar la «fraternidad» a propósito de todo, y fuera de propósito también! En eso hay algo verdaderamente «caótico», que puede dar, incluso a algunos observadores superficiales, la impresión del desorden llevado al extremo; y, de hecho, eso es efectivamente un indicio de que ese «neoespiritualismo» representa una etapa bastante avanzada ya en la vía de la disolución.

Por otra parte, el «neoespiritualismo», a pesar de la aversión de que da testimonio con respecto al materialismo, se le parece no obstante por más de un lado, de suerte que se ha podido emplear bastante justamente, a este propósito, la expresión de «materialismo transpuesto», es decir, en suma, entendido más allá de los límites del mundo corporal; lo que lo muestra muy claramente, son esas representaciones groseras del mundo sutil y supuestamente «espiritual» a las que ya hemos hecho alusión más atrás, y que apenas están hechas de otra cosa que de imágenes tomadas al dominio corporal. Este mismo «neoespiritualismo» se encuentra también en las etapas anteriores de la desviación moderna, de una manera más efectiva, en lo que se puede llamar su lado «cientificista»; eso también, ya lo hemos señalado al hablar de la influencia ejercida sobre sus diversas escuelas por la «mitología» científica del momento en el que han tomado nacimiento; y hay lugar a notar también muy especialmente el papel considerable que desempeñan en sus concepciones, de una manera completamente general y sin ninguna excepción, las ideas «progresistas» y «evolucionistas», que son en efecto una de las marcas más típicas de la mentalidad moderna, y que bastarían así, por sí solas, para caracterizar a esas concepciones como uno de los productos más incontestables de esta mentalidad. Agregamos que las mismas de esas escuelas que afectan darse un aire «arcaico» utilizando a su manera algunos fragmentos de ideas tradicionales incomprendidas o deformadas, o disfrazando según necesidad algunas ideas modernas bajo un vocabulario tomado a alguna forma tradicional oriental u occidental (cosas que, dicho sea de pasada, están todas en contradicción formal con su creencia en el «progreso» y en la «evolución») están preocupadas constantemente en poner de acuerdo esas ideas antiguas o pretendidas tales con las teorías de la ciencia moderna; por lo demás, un trabajo tal hay que rehacerlo sin cesar a medida que esas teorías cambian, pero es menester decir que aquellos que se libran a él tienen su tarea simplificada por el hecho de que para ello se quedan casi siempre en lo que se puede encontrar en las obras de «vulgarización».

(Extrato de El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, René Guenón)

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Vocación y profesión II

Pintura románica. Fuente imagen: romanicoaragones.com

“‘Una civilización tradicional presupone una correspondencia de la naturaleza más íntima del hombre con su vocación particular’ (ver René Guénon, «La Iniciación y los oficios»).

La ruptura traumática de esta armonía envenena las fuentes mismas de la vida y crea innumerables desajustes y sufrimientos. El representante de la «civilización» no puede comprender esto, debido a que la idea misma de vocación ha perdido su significado y ha devenido para él una «superstición»; puesto que él mismo es un tipo de esclavo económico, el hombre «civilizado» puede ser puesto, o ponerse a sí mismo, en cualquier tipo de trabajo que la ventaja material parezca exigir o que la ambición social sugiera, con un total menosprecio de su carácter individual, y no puede comprender que robar a un hombre su vocación hereditaria es arrebatarle precisamente su «modo de vida» de una manera mucho más profunda que en un sentido meramente económico.”

Ananda K. Coomaraswamy, “La mentalidad primitiva”.

( Gracias a la gentileza de J.J.PRZYBYLSKI  http://greatunspoken.wordpress.com/)

El ámbito de las opiniones.

En el dominio de las opiniones individuales, siempre se puede discutir, porque no se rebasa el orden racional, y porque al no hacer llamada a ningún principio superior, se llega fácilmente a encontrar argumentos más o menos válidos para sostener el «pro» y el «contra»; en muchos casos, se puede incluso proseguir la discusión indefinidamente sin llegar a ninguna solución, y es así como casi toda la filosofía moderna no está hecha más que de equívocos y de cuestiones mal planteadas.

Muy lejos de esclarecer las cuestiones como se supone de ordinario, la discusión, lo más frecuentemente, no hace apenas más que desplazarlas, cuando no obscurecerlas más; y el resultado más habitual es que cada uno, al esforzarse en convencer a su adversario, se ata más que nunca a su propia opinión y se encierra en ella de una manera todavía más exclusiva que antes.

En todo eso, en el fondo, no se trata de llegar al conocimiento de la verdad, sino de tener razón a pesar de todo, o al menos de persuadirse de que uno la tiene, si no se puede persuadir de ello a los demás, lo que, por otra parte, se lamentará tanto más cuanto que a eso se mezcla siempre esa necesidad de «proselitismo» que es también uno de los elementos más característicos del espíritu occidental.

A veces, el individualismo, en el sentido más ordinario y más bajo del término, se manifiesta de una manera más patente todavía: ¿no se ve así a cada instante gentes que quieren juzgar la obra de un hombre según lo que saben de su vida privada, como si pudiera haber entre estas dos cosas una relación cualquiera? De la misma tendencia, junto con la manía del detalle, derivan también, notémoslo de pasada, el interés que se dedica a las menores particularidades de la existencia de los «grandes hombres», y la ilusión con que algunos explican todo lo que han hecho por una suerte de análisis «psicofisiológico»; todo eso es bien significativo para quien quiere darse cuenta de lo que es verdaderamente la mentalidad contemporánea.

( René Guenon, La crisis del mundo moderno).

Los calvos no tenemos pelo II o el espíritu de la recolecta.

Todo lo que no puede ser medido no existe, es un máxima del mundo de hoy. Creo que se inició con Descartes al reafirmar lo cuantitativo frente a lo cualitativo; y se consagró con algún pseudosabio (que viene a ser lo mismo que un pseudotonto) del management.

Ahora lo entido todo, lo veo claro y nítido como a través de una lupa: El mundo (lo fenoménico) es materia. La materia se divide en dos: la materia prima, que viene a ser como el la plastilina; y la materia segunda, que viene a ser las figuras de plastilina. El problema viene aquí: la materia individualizarse necesita dos cosas, la cantidad (materia signata quantitate) y la cualidad. La cualidad es la forma o Idea, la especie  a la que pertenece el individuo o la cosa ( en nuestro caso la forma que adquiere la plastina, podría ser un tigre, pero podría tener cualquier otra);  la cualidad no es propiamente ni material ni mundana, pertenece, stricto sensu, al mundo de las ideas en sentido platónico ( o al mundo transcendental , espiritual , arquetípico, celestial o como quiera ser denominado)  y la cantidad es la plastilina misma ( pesable, medible, comparable, cientificable , falsable y verificable).

El problema lo encontramos en Descartes, que inicia la línea moderna de atribuir únicamente la parte cuantitativa a la materia. Craso error, amigo Craso.  

Toda la sabiduría del conocimiento de la esencia se pierde pues,  vemos al tigre de plastilina, pero desconocemos la relación entre ambos, a partir de ahí, empezamos un estudio comparativo y sistemático de todas las figuras de nuestro cuarto, llegamos a estudiar incluso la plastilina de la cual están formadas.  Pero no sabemos exactamente qué  es, ni quién o de donde se  da la forma a la plastilina.

Gracias René Guenon por todo lo que nos has mostrado.