Paz

 

Paz para el padre, paz con la madre, paz en el hermano, paz son los hijos.

Desea siempre la paz, y la paz obtendrás.

Paz andando, paz en la comida, paz en el descanso.

Desea siempre la paz, y el amor vendrá a ti.

Paz para todos, odio para ninguno.

Desea siempre la paz, y conocerás la verdad.

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Sobre el neoespiritualismo o la nueva era

En primer lugar, conviene destacar que en eso no se trata de un conjunto homogéneo, sino de algo que toma una multitud de formas diversas, aunque todo eso presenta siempre bastantes caracteres comunes como para poder ser reunido legítimamente bajo una misma denominación; ¡pero lo que es más curioso, es que todos los agrupamientos, escuelas y «movimientos» de este género están constantemente en concurrencia e incluso en lucha abierta los unos con los otros, hasta tal punto que sería difícil encontrar en otra parte, a menos que no sea entre los «partidos» políticos, odios más violentos que los que existen entre sus adherentes respectivos, mientras que, por otra parte, por una singular ironía, todas esas gentes tienen la manía de predicar la «fraternidad» a propósito de todo, y fuera de propósito también! En eso hay algo verdaderamente «caótico», que puede dar, incluso a algunos observadores superficiales, la impresión del desorden llevado al extremo; y, de hecho, eso es efectivamente un indicio de que ese «neoespiritualismo» representa una etapa bastante avanzada ya en la vía de la disolución.

Por otra parte, el «neoespiritualismo», a pesar de la aversión de que da testimonio con respecto al materialismo, se le parece no obstante por más de un lado, de suerte que se ha podido emplear bastante justamente, a este propósito, la expresión de «materialismo transpuesto», es decir, en suma, entendido más allá de los límites del mundo corporal; lo que lo muestra muy claramente, son esas representaciones groseras del mundo sutil y supuestamente «espiritual» a las que ya hemos hecho alusión más atrás, y que apenas están hechas de otra cosa que de imágenes tomadas al dominio corporal. Este mismo «neoespiritualismo» se encuentra también en las etapas anteriores de la desviación moderna, de una manera más efectiva, en lo que se puede llamar su lado «cientificista»; eso también, ya lo hemos señalado al hablar de la influencia ejercida sobre sus diversas escuelas por la «mitología» científica del momento en el que han tomado nacimiento; y hay lugar a notar también muy especialmente el papel considerable que desempeñan en sus concepciones, de una manera completamente general y sin ninguna excepción, las ideas «progresistas» y «evolucionistas», que son en efecto una de las marcas más típicas de la mentalidad moderna, y que bastarían así, por sí solas, para caracterizar a esas concepciones como uno de los productos más incontestables de esta mentalidad. Agregamos que las mismas de esas escuelas que afectan darse un aire «arcaico» utilizando a su manera algunos fragmentos de ideas tradicionales incomprendidas o deformadas, o disfrazando según necesidad algunas ideas modernas bajo un vocabulario tomado a alguna forma tradicional oriental u occidental (cosas que, dicho sea de pasada, están todas en contradicción formal con su creencia en el «progreso» y en la «evolución») están preocupadas constantemente en poner de acuerdo esas ideas antiguas o pretendidas tales con las teorías de la ciencia moderna; por lo demás, un trabajo tal hay que rehacerlo sin cesar a medida que esas teorías cambian, pero es menester decir que aquellos que se libran a él tienen su tarea simplificada por el hecho de que para ello se quedan casi siempre en lo que se puede encontrar en las obras de «vulgarización».

(Extrato de El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, René Guenón)

Las perlas del peregrino

Pintura de Frithjof Schuon. Fuente imagen: http://www.mysticsaint.info

En realidad, lo que separa al hombre de la Realidad divina es una barrera ínfima: Dios está infinitamente cerca del hombre, pero éste está infinitamente lejos de Dios.

Esta barrera, para el hombre, es una montaña; el hombre se encuentra ante una montaña que debe apartar con sus propias manos.

Excava la tierra, pero en vano, la montaña permanece allí; el hombre, sin embargo, continúa excavando, en el nombre de Dios.

Y la montaña se desvanece.

Nunca ha existido.

Frithjof Schuon: Las perlas del peregrino