¿Qué he de temer?

 

En el centro, allí en sí mismo, se encuentra el espíritu.

Mora oculto, vedado y asediado.

Oculto por la carne. Vedado por el mundo. Asediado por el enemigo.

 

¿Quién será el héroe que romperá su cercado?

¿Quién será el salvador que nos lo mostrará?

¿Quién acudirá en nuestro auxilio frente al enemigo?

 

Pasan las horas y los días, llorando mis penas.

Gritando al cielo, buscando en la tierra, preguntado a los hombres.

 

Uno dice: yo le he visto, ven y verás.

Voy; es, está.

 

Siempre aquí, llamando a la puerta,

llamándome por mi nombre, allanado mis caminos.

Pero ciego de mí, ni le veía, ni le escuchaba, ni le hablaba.

 

Ahora, que he conocido al Amor más grande,

¿Qué he de temer?

Muerte

 

 

La materia muere, muere mintiendo;  es vida nueva.

Renovación, renacimiento, resurrección.

Muere la carne, alimenta a los vivos.

Cae la hoja, seca, compost, para lo verde.

Nace la planta del grano putrefacto.

En el hijo el fallecer, desfallecer parental.

Llega el río al mar, la nube a la montaña.

El universo, nace, renace, constantemente abandonado lo viejo,

creando lo nuevo en la línea, en el círculo del tiempo.

Muere la muerte, nace la vida.

Demonios familiares

Fuente imagen: Pixabay (Dominio público)

 

Mala muerte, alma necrosada.

Esos son los demonios de mi interior, mis vicios familiares, obsesiones ocultas, dinámicas perversas y pervertidas, dependencias afectivas producidas por la falta de amor, por la soledad sin compasión, por el rechazo, por mis propios deseos insatisfechos, por las burlas ajenas sobre mí.

Eso es lo que me encierra en mi cárcel y burbuja, lo que engrandece mi “yo” más defensivo, mis posturas más cuadriculadas, legalistas y absurdas; mi “yo” más dominante que necesita siempre quedar por encima de los demás; mi “yo” más cobarde que me hace salir huyendo constantemente.

En definitiva, lo que me aleja de ti.  Lo que me hace ser  no-humano.

Lo que me ensombrece el rostro y me obscurece la sonrisa. Enfermedad del alma, dolor moral, dolor mortal. Lo que me hace pasarme horas mirando, admirando y ensimismado en mi ombligo; que pienso centro del mundo.

Esclavo soy de mí mismo, mi peor enemigo.

Estos son mis demonios familiares.

Engaños certeros

El mundo te engaña, te muestra la felicidad donde no la hay, es pozo seco, rodeado de neón, de brillantes purpurinas que caen de lo alto entre falsas sonrisas de contento.

¿En el dinero? Lo oval y dorado de una moneda, no es más que una cosa que rueda; más tienes más ambicionas.

¿Buscas que te quieran? La fama te hará dejar de ser persona, dejar de ser quien eres. Solo tendrás lenguas aduladoras que te buscarán por el interés.

¿Crees que el día que estés tranquilo serás feliz? La vida misma, te hará no poder parar, no existe ese momento de plenitud serena en el mundo, solo es un final feliz para las películas sin argumentos que ponen repetidas en un bucle eterno.

¿Cuántos anhelan la verdad, el bien, y el amor?

En la montaña de muerte

Resultado de imagen de montaña de fuego

Solo, solitario, en la montaña de  muerte. Mancillado y sucio, ajadas prendas que hacen bandera al viento de fuego.  Impuro calor. Hinchados los pies.

Escalando, subiendo, bajando, cayendo. Parece sin salida, como un Sísifo sin fin; moderno en la mordedura del veneno.

Condenado a vagar, como el marcado Caín, reo de muerte sin ejecución.  Maldita está la tierra, maldito está el hombre, maldito yo.

¿Dónde está Dios, el Dios que a mis padres se prometió?

Y de repente: una nube, verde vergel. Aguas limpias que corren, fuentes manando; todo es risa, todo es brisa, todo es bendición.

La hierba refrescante roza los pies, blanco viento, arpa y violín entre árboles. Hermoso valle de la vida; ya no hay soledad, ni maldición; todo es bendito, todo brilla de buen color.

Él te encuentra a ti, ¿Dónde estabas Amado Amigo? ¿Por qué tardó tanto mi corazón?

En el lavadero

– Estoy en un trabajo donde siempre llueve.

– ¿Y en qué trabajo no? – me diréis vosotros mis queridos-.  Pues sabes que la naturaleza humana es la misma. Vayas donde vayas, ahora u siempre. Además, amigo Álvar, en todos los trabajos llueve.

– ¿Y cómo es esa naturaleza humana? Dime si la conoces.

– La conocemos, la conocemos. A la perfección.  Egoísta e interesada. No piensa más que en sí misma. Se defiende constantemente ante el peligro de la pérdida, se bloquea con estupor y temblor frente a la no ganancia, ante el terror de dejar de ser.

– ¿Y a dónde nos conduce eso?

– A no pensar en el otro, a imponernos. A perpetuar males e injusticias del sistema si pensamos que nos favorecen.

 

-¿Pero vosotros también sois de ese modo, incluso yo;  pues humanos somos?

– Así es. 

– Sois optimistas, ¿no?

– Todo depende del corazón de cada uno.

Espejo

Fuente imagen: empatizando.com

 

Miradas y reflejos;  re-flexión, especulación, espejo.

El yo no se puede definir por sí mismo, sólo en relación a los demás,  circundante anillo de fuego.

Yo siendo yo, porque tú estás siendo tú. (Reflexión, flexión  del pensamiento ).

Estamos todos unidos, somos la mismidad. (En todos ser, todos en mí).

Especular frente a los reflejos.

Los otros son mi bruñido espejo.

Mirada a sus virtudes y defectos; ciego sería si no fueren los que yo ya llevo.

Llevó a ti,  te;

somos Uno los dos.