No-Dios

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La estructura espiritual del hombre es tal, que el absoluto es para él un lugar donde debe ineludiblemente colocar algo, sea que lo haga solo práctica e inconscientemente (con validez para su vida), o que lo haga reflexivamente (con validez para su conciencia). Debe colocar algo allí (psicológicamente no puede dejar de hacerlo), aunque sea la nada, aunque sea la tesis de que no existe ningún absoluto. Con razón se ha dicho de ateos fanáticos que adoran a su No-Dios.

k.Jaspers

Pequeños absolutos

Fuente imagen: http://www.vopus.org

El hombre es un pequeño absoluto relativo, es decir, un espíritu con un cuerpo o una mente con cuerpo, como se prefiera.

¿Qué quiere decir esto? Que las tendencias espirituales: el bien, la bondad, la belleza, la inteligencia, se encuentran en un tiempo y lugar (aquí y ahora), con una forma determinada (cuerpo), en medio de la materia (lo contingente y relativo).

Por eso, el ser humano, que es un absoluto relativo, tiende a hacer de lo relativo que encuentra a su paso algo absoluto, como él mismo es

Ahora bien, hay que tener cuidado con los elementos que elegimos absolutizar, y hay que saber que en ello mismo hay grados de cualidad cognoscitiva.

Es decir, hay elementos que por su sacralidad y tradición, son vía de unión, entre los pequeños absolutos y El Absoluto Real; verbi gratia, el método y sabiduría de una religión  que se manifiesta en  todo lo que ella engloba: manifestaciones artísticas, ritos, liturgia, moralidad, estructuras jerárquicas, exegesis, teología, etc…

Hay otros elementos, que si tratamos de absolutizarlos, nos conducirán al sufrimiento y desastre pues son variables e inestables, corruptibles y varían en el tiempo: los afectos humanos, el dinero, la fama, el trabajo, la búsqueda del propio engrandecimiento, el placer por el placer, etc…

Hemos de tener cuidado dónde buscamos, qué buscamos y cuál es el foco de nuestra mirada; pues como dice Aristóteles: eres lo que conoces.

¿Dónde miras  tú?