Eres

Estás en el mundo sin ser cosa alguna,

estás en el tiempo, sin nacer ni envejecer;

estás en mí, sin ser yo.

Eres fuente vida, porque vives.

Eres  uno, circulo,  perfecto.

Eres bien, bondad, verdad.

Anuncios

¿Qué he de temer?

 

En el centro, allí en sí mismo, se encuentra el espíritu.

Mora oculto, vedado y asediado.

Oculto por la carne. Vedado por el mundo. Asediado por el enemigo.

 

¿Quién será el héroe que romperá su cercado?

¿Quién será el salvador que nos lo mostrará?

¿Quién acudirá en nuestro auxilio frente al enemigo?

 

Pasan las horas y los días, llorando mis penas.

Gritando al cielo, buscando en la tierra, preguntado a los hombres.

 

Uno dice: yo le he visto, ven y verás.

Voy; es, está.

 

Siempre aquí, llamando a la puerta,

llamándome por mi nombre, allanado mis caminos.

Pero ciego de mí, ni le veía, ni le escuchaba, ni le hablaba.

 

Ahora, que he conocido al Amor más grande,

¿Qué he de temer?

En la montaña de muerte

Resultado de imagen de montaña de fuego

Solo, solitario, en la montaña de  muerte. Mancillado y sucio, ajadas prendas que hacen bandera al viento de fuego.  Impuro calor. Hinchados los pies.

Escalando, subiendo, bajando, cayendo. Parece sin salida, como un Sísifo sin fin; moderno en la mordedura del veneno.

Condenado a vagar, como el marcado Caín, reo de muerte sin ejecución.  Maldita está la tierra, maldito está el hombre, maldito yo.

¿Dónde está Dios, el Dios que a mis padres se prometió?

Y de repente: una nube, verde vergel. Aguas limpias que corren, fuentes manando; todo es risa, todo es brisa, todo es bendición.

La hierba refrescante roza los pies, blanco viento, arpa y violín entre árboles. Hermoso valle de la vida; ya no hay soledad, ni maldición; todo es bendito, todo brilla de buen color.

Él te encuentra a ti, ¿Dónde estabas Amado Amigo? ¿Por qué tardó tanto mi corazón?

El nombre más hermoso

Fuente imagen: www.patheos.com

 

Gracias Señor, el Dios escondido,

Porque de entre los nombres más hermosos, el tuyo es Amor;

porque lo Bello, Padre, eres Tú; porque no hay Verdad ni Sabiduría fuera de Ti;

porque te abajas y haces subir al hombre al monte más alto,

para que pueda contemplarte, verse con Tus propios Ojos.

Amado Amor, Amante, que desbordas y rebosas la copa del corazón.

Gracias Señor, el Dios revelado.

Ver como yo te veo

 

Arrancarme los ojos, dártelos, para que con ellos pudieras ver como yo te veo.  Verías que eres bella, verías el bien viviente (en ti), verías la verdad.

Arrancarme los ojos, dártelos, para que con mi mirada pudieras ver como yo te veo. Sabrías que eres perfecta, sabrías que los susurros no son sentencias, que esas manchas nada son compradas con tu luz.

Arrancarme los ojos, dártelos, para que contemplaras el mundo bajo mi mirada. Darías gracias por la sinfonía del viento cantante, por el juego mágico de los adoquines de colores, por el caleidoscopio del rayo de luna en el cristal.

Arrancarme los ojos, dártelos, para que te supieras tan amada.

El Dios escondido ( fragmentos de la carta 41)

 

Dios está cerca de ti, está contigo, está en ti.

Hay en nosotros un espíritu sagrado, que observa y vigila nuestros actos buenos o malos; así como le tratamos, así nos trata el a nosotros. Ningún hombre es realmente virtuoso sin Dios; ¿acaso puede alguno sin ayuda sobreponerse a la fortuna? Él nos inspira acciones nobles y elevadas. En todo hombre virtuoso habita un dios (qué dios, eso no se sabe[1]).

Si ves un hombre impertérrito al peligro, inmune a las concupiscencias, feliz en la adversidad, tranquilo en medio de las tormentas […] ha descendido sobre él un poder que es del cielo y que estimula ese espíritu tan excelente y moderado que pasa junto a las cosas considerándolas poco importantes y se ríe de nuestros temores y deseos.

[…] así ocurre también con esa alma grande y santa, que enviada aquí abajo para que conozca más de cerca lo divino, está en nosotros, pero permanece en su origen.  Está pendiente de Él, en Él tiene puestas sus miras, y se esfuerza por regresar a Él, y está entre nosotros como un ser superior.

Pero la común locura lo vuelve difícil (el regresar a Dios y practicar el bien): nos arrastramos a los vicios los unos a los otros.

[1] Virgilio, Eneida.

e1ec0-loto5b15d

Flor de loto

Séneca, Cartas a Lucilio.