Demonios familiares

Fuente imagen: Pixabay (Dominio público)

 

Mala muerte, alma necrosada.

Esos son los demonios de mi interior, mis vicios familiares, obsesiones ocultas, dinámicas perversas y pervertidas, dependencias afectivas producidas por la falta de amor, por la soledad sin compasión, por el rechazo, por mis propios deseos insatisfechos, por las burlas ajenas sobre mí.

Eso es lo que me encierra en mi cárcel y burbuja, lo que engrandece mi “yo” más defensivo, mis posturas más cuadriculadas, legalistas y absurdas; mi “yo” más dominante que necesita siempre quedar por encima de los demás; mi “yo” más cobarde que me hace salir huyendo constantemente.

En definitiva, lo que me aleja de ti.  Lo que me hace ser  no-humano.

Lo que me ensombrece el rostro y me obscurece la sonrisa. Enfermedad del alma, dolor moral, dolor mortal. Lo que me hace pasarme horas mirando, admirando y ensimismado en mi ombligo; que pienso centro del mundo.

Esclavo soy de mí mismo, mi peor enemigo.

Estos son mis demonios familiares.

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Reflexiones I

Fuente: escritosdedebito.blogspot.com

 

“Para caminar sin dañar tus pies, puedes optar por ponerte unas sandalias o tratar de cubrir el mundo de cueroGueshe Tamding Gyatso

Parece que el hombre de hoy en día, necio en su adoración de la tecnología y las máquinas, ha optado por la posibilidad más difícil.

Ingenuo y engañado, cree que puede transformar el mundo, para convertirlo en un paraíso. Busca en la materia cualidades que no tiene. Jamás se librará, por ese camino, de la vejez, de la enfermedad, de la muerte; más bien al contrario, las irá multiplicando como una plaga de langostas.

“Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad” ´Refrán tradicional chino

El hombre de hoy maldice, se queja, se frustra: sus deseos no se ven cumplidos. Por otra parte son imposibles de satisfacer, nuestro ego y nuestra avaricia es tan grande como un pozo sin fondo, por mucho que lo trates de llenar de agua, jamás lo conseguirás.

Con desarrollar una sabiduría básica, unos grados de humildad las cosas cambias: puedes ser feliz con una vida austera.

Con prender a poco el candil de un corazón cálido, no tropezaremos, ni nos lastimaremos, ni lamentaremos.