Demonios familiares

Fuente imagen: Pixabay (Dominio público)

 

Mala muerte, alma necrosada.

Esos son los demonios de mi interior, mis vicios familiares, obsesiones ocultas, dinámicas perversas y pervertidas, dependencias afectivas producidas por la falta de amor, por la soledad sin compasión, por el rechazo, por mis propios deseos insatisfechos, por las burlas ajenas sobre mí.

Eso es lo que me encierra en mi cárcel y burbuja, lo que engrandece mi “yo” más defensivo, mis posturas más cuadriculadas, legalistas y absurdas; mi “yo” más dominante que necesita siempre quedar por encima de los demás; mi “yo” más cobarde que me hace salir huyendo constantemente.

En definitiva, lo que me aleja de ti.  Lo que me hace ser  no-humano.

Lo que me ensombrece el rostro y me obscurece la sonrisa. Enfermedad del alma, dolor moral, dolor mortal. Lo que me hace pasarme horas mirando, admirando y ensimismado en mi ombligo; que pienso centro del mundo.

Esclavo soy de mí mismo, mi peor enemigo.

Estos son mis demonios familiares.

En la montaña de muerte

Resultado de imagen de montaña de fuego

Solo, solitario, en la montaña de  muerte. Mancillado y sucio, ajadas prendas que hacen bandera al viento de fuego.  Impuro calor. Hinchados los pies.

Escalando, subiendo, bajando, cayendo. Parece sin salida, como un Sísifo sin fin; moderno en la mordedura del veneno.

Condenado a vagar, como el marcado Caín, reo de muerte sin ejecución.  Maldita está la tierra, maldito está el hombre, maldito yo.

¿Dónde está Dios, el Dios que a mis padres se prometió?

Y de repente: una nube, verde vergel. Aguas limpias que corren, fuentes manando; todo es risa, todo es brisa, todo es bendición.

La hierba refrescante roza los pies, blanco viento, arpa y violín entre árboles. Hermoso valle de la vida; ya no hay soledad, ni maldición; todo es bendito, todo brilla de buen color.

Él te encuentra a ti, ¿Dónde estabas Amado Amigo? ¿Por qué tardó tanto mi corazón?

Opacidad

La opacidad era su defensa, quizás su ataraxia.

A su lado podías arder de cólera o bailar, como un paño con lunares, de alegría, aun así,  su mirada te veía gris, sin expresión ni tonalidad.

Es cierto, que venía estar a su lado, cuando no querías que tus emociones fueran juzgadas o descubiertas. O simplemente rebajar el tono tu vibración.

Fuente imagen: aflordepielhalconjose07

El yo que hay en ti.

fuente imagen:  www.adultosupertado.org

 

-Explícamelo -en los ojos azules de la muchacha había un ruego.

-No puedo, apenas lo comprendo, poco sé.

-Explícamelo, explícamelo, por favor- el azul se había vuelto intenso, vibrante; un gesto de concentración, una leve cerrazón en los párpados como la del águila antes de capturar a su presa.

-Cuanto más yo hay en ti, menos de Dios.

-¿ ? – El azul abierto de sus ojos, ojos de sorpresa, como un mar plano.

-Cuanto más busques ser, menos serás. Cuanto menos eres, más eres.

¿ ? – las tonalidades verdes se empezaban a mezclar con el azul.

-Si el vaso está demasiado lleno, no le cabe más agua. Si está vacío puedes llenarlo de lo que quieras. El vaso adquiere el color del líquido que con-tiene.

-¿ ?- una confusión creciente se mostraba a modo de pequeño bizqueo.

-Es como el hilo que une las cuentas de tu rosario-.

-¿ ?- el bizqueo fue en aumento.

-El yo es como una casa vacía. Una vasija.

-¿ ?- el verde predominaba sobre el azul, como en esos deltas revueltos.

-Es como un selfie perpetuo, se retrata en todo momento, lo cuelga rápido  y lo revisa a cada instante, diciendo: este soy yo.

-¿ ?- la boca se abrió a la muchacha, creando un cero cerrado.

-Es solo una palabra, un pro-nombre, al que le imputas todas tus experiencias, internas y externas. A partir de ahí creas/crees su existencia.Dicen que el primero en pronunciarlo fue el Adversario.

-¿ ?- boca abierta, ojos bizcos, mirada perdida, respiración parada.

-Si tu yo es demasiado grande, no caben los otros, que, al fin y al cabo, son en cierto modo y medida, el Otro.

-No entiendo nada-.

-Yo tampoco, ya te lo avisé-.

Navegantes

 

El que se busca solo a si mismo,

convierte todo en un espejo del yo,

cercado por lo mío y para mí;

navegante del mar del mal del miedo,

entre los huracanes y vientos del deseo.

¿Encontrará reposo?

Nunca,

pues sus puertos son la soledades,

soberbias e insatisfacciones;

no tiene faro que le ilumine,

ni estrellas que le guíen.